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La conversión de Mirko Utrovicich: El hombre que aprendió a conservar a los pumas en la Patagonia

El puma ha sido visto tradicionalmente como una amenaza para la ganadería, una actividad económica relevante en el extremo sur del país, donde el carnívoro terrestre más grande de Chile fue perseguido y cazado. Bajo esa premisa, el natalino Mirko Utrovicich se crio y trabajó en distintos campos y estancias. Hoy, en cambio, su realidad es otra: es parte de un proyecto de conservación en Cerro Guido, demostrando que la convivencia del puma y el ganado sí es posible. Esta es la historia de un hombre que, como el mismo dice, se adaptó a los tiempos. “Hoy me siento un conservacionista”, señala.


Mirko Utrovicich (58) es lo que en Patagonia se conoce como rastreador, un oficio arraigado en la zona que consiste en buscar huellas de animales, seguirlas, entender por dónde se mueven y descubrir su escondite. En eso, asegura Mirko, es un experto: “Puedo rastrear todos los animales que pisan la tierra”. De alguna manera, en esa labor debe llegar a interpretar lo que haría un animal: “Es pensar como ellos”, dice.


La especialidad de Mirko es el puma, un animal tan elegante como esquivo, y uno de los más difíciles de rastrear. “Es un animal extraordinario, no hay otra palabra para definirlo. Vive entre nosotros, pero si quiere que no los veamos, no lo vamos a ver”, explica. El puma siempre busca sitios con poco acceso. “Cuando se siente perseguido puede escabullirse por lugares increíbles: lo he visto en barrancos casi verticales de cuatro o cinco metros de alto. Lo hace mejor que un escalador y en dos saltos está arriba. Tienen una fuerza increíble en las patas”, agrega.


En Chile no existe una estimación poblacional del puma (Puma concolor), pero se han realizado algunos intentos. Un monitoreo realizado por Tompkins Conservation y CONAF, mediante collares GPS y fotografías, estimó que unos 32 pumas adultos habitan en el Parque Nacional Patagonia. Más al sur, Mirko lanza su propia apuesta: “La población de pumas ha aumentado paulatinamente y eso se nota harto. Hace cinco años, los turistas venían a Torres del Paine a ver guanacos. Hoy vienen a ver pumas”, dice, sobre esta especie que en Chile está en la categoría de conservación “casi amenazado”.



“Lo que más me impresiona de los pumas es cómo pudieron sobrevivir… Eran odiados, perseguidos y cazados”, reflexiona Mirko. Luego agrega: “El puma es un sobreviviente de una guerra le dimos de toda la vida”.

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Mirko nació en Puerto Natales, capital de la provincia de Última Esperanza, en la Región de Magallanes. Natales no supera los 20 mil habitantes, pero es la comuna más extensa de Chile con casi 50 mil m2 y gran parte de su territorio está protegido bajo Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado. La ganadería y la pesca artesanal han sido históricamente sus principales actividades productivas.


Desde los seis años, Mirko trabajó en el campo de su padre, ubicado en las cercanías de lo que hoy es el Parque Nacional Torres del Paine. Su padre desarrollaba allí ganadería de ovejas y vacunos, pero esta historia termina de manera abrupta cuando el papá perdió la estancia, una herida aún abierta en la familia: “No es algo que quiera recordar”, dice Mirko. Este dolor no cortó su relación con la ganadería, actividad a la que siguió ligado en el campo de un tío hasta pasados los 30 años.


El puma -el carnívoro terrestre más grande que habita en Chile- ha sido considerado un animal perjudicial para la ganadería y durante años fue perseguido y cazado. “En los genes de los ganaderos, la caza es algo normal”, explica Mirko. “Imagínate que cuando trabajaba en Laguna Amarga, mi tío Juan Goic tenía unos 5 mil corderos y cada vez que los marcábamos dejaba unos 500 para que se los comieran los pumas. Simplemente los daba por perdidos”.


La vida puso a Mirko en un lugar en el que debía cuidar la actividad ganadera de cualquier amenaza. “Nosotros nacimos y fuimos criados con la idea de que el puma era el enemigo de la ganadería, y si hablas con muchos ganaderos hoy, todavía te van a decir que es así”, explica. Mirko era un adolescente cuando disparó por primera vez. “No sentí satisfacción. Yo creo que nadie que tenga bien puestos los pies en la tierra tiene satisfacción por cazar, pero a veces hay males necesarios…”.


Mirko recuerda que por esos años había precio por cazar pumas y era una entrada importante para algunas personas: algo así como 200 mil pesos de hoy. “Y un poco más, también”, dice. Esta especie se encuentra prohibida de caza y captura en Chile desde inicios de la década de 1980.


“Yo manché la Patagonia con sangre. Lo digo porque lo siento así, aunque existen realidades que no se pueden pasar por alto. Pero fue así y los tiempos cambian: el ser humano tiene la capacidad de adaptarse”, dice. Luego de una pausa, agrega:

“Hoy me siento un conservacionista”.


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Mirko conoció a la fotógrafa Pía Vergara hace unos 20 años. En esa ocasión, Vergara tenía un proyecto con caballos baguales en los alrededores de Torres del Paine y él era su rastreador. Desde esa vez, asegura, nunca más supo de ella. Hasta hace un par de años.

Ella lo llamó para hacerle una propuesta. Algo muy distinto a lo que Mirko se había dedicado en años anteriores. Un proyecto de conservación del felino que, desde chico, le enseñaron que era el enemigo.


Pía Vergara estaba desarrollando un proyecto en la estancia Cerro Guido, en la Región de Magallanes, que se impuso el desafío de buscarle salida al histórico conflicto entre la ganadería y la vida silvestre: crear un modelo que permitiera la coexistencia entre la actividad ganadera, la conservación de la fauna silvestre y el turismo sustentable.


No era fácil. La estancia Cerro Guido -la más grande de la región y que colinda con el Parque Nacional Torres del Paine- tiene un área aproximada de 100.000 hectáreas y la primera tarea era identificar a los pumas que deambulaban por ese vasto territorio. En ese rol entraba Guido.


El proyecto de Conservación Estancia Cerro Guido lo tiene feliz. “Mi trabajo es totalmente diferente a lo que hice antes. Es hermoso”, dice Mirko. “Soy una persona que vive los tiempos. Si hoy son los tiempos de hacer conservación, no me parece raro, está bien. Si alguien me dice ‘¿Busquemos fórmulas para que convivan el puma y la ganadería?’, le digo ‘vamos’”.

Además de los avistamientos y rastreos, Mirko cuenta que está trabajando con perros Pirineos -también llamados perro de montaña de los Pirineos y que se caracterizan por su color es blanco liso-. “Son súper grandes, imponentes. Miden como 85 centímetros de alto. Lo que hacemos es criarlos con su madre, a los meses los pasamos con un piño de ovejas para que se vayan acostumbrando y de a poco los tiramos al campo con un lote más grande de ovejas”, explica. El rol de estos perros es convertirse en un muro de contención: evitar el contacto del puma con la ganadería. “No se trata de que el perro lo pelee. Yo creo que, si quiere, el puma se come al perro, pero no hace eso, sino que lo evita: el perro lo hostiga y el puma se marcha”.


Luego pregunta: “¿Leíste el libro “Patagonia Bravía”? Ahí el baqueano William Greenwood dice que el puma es un animal cobarde. En el año 2021, te puedo decir que el puma es super inteligente, porque el soldado que arranca sirve para otra guerra”.



-¿Qué reflexión tienes sobre tu evolución?

-Si retrocedemos el tiempo y me hubieras preguntado cómo hacer conservación, tener ganadería y poder interactuar con los pumas, te habría dicho: ‘Lo veo difícil… Casi imposible’. Hoy conozco nuevas soluciones y te puedo decir que se puede hacer. Pero hay que dedicarle tiempo y trabajo.


Luego agrega: “Mira, lo que pasa es que conozco los dos extremos, lo que fue mi vida pasada y lo que es mi vida hoy día. Te podría decir también que la de antes fue más fácil y la de hoy es más difícil. ¿Por qué? Porque queremos cambiar una idea que está súper arraigada: que el puma es el enemigo de la ganadería. Si tú fueras ganadero, pensarías lo mismo. Hay que estar ahí”.


Hoy, Mirko dice que está en el lado que quiere estar, y es un convencido de que está en la línea de la solución. “El que crea que podemos seguir haciendo lo que hacíamos antes está equivocado: ponerle precio al puma no es la solución. Las estancias pequeñas no tienen cómo ponerle precio al puma. La caza ya no es solución, y nunca lo fue. Pero en ese tiempo no lo sabíamos”.


-¿Qué te han dicho tus conocidos?

-Una vez un amigo me dijo: ‘Oye, te cambiaste del negro al blanco’. Yo le dije que no, sigo siendo la misma persona. Son los tiempos los que cambian y hay que adaptarse a los tiempos. Los seres humanos tenemos que comprender los tiempos que estamos viviendo y los daños que hicimos. No te digo que no hayan sido males necesarios, pero hoy tenemos que buscar el bien necesario.





Reportaje original: https://laderasur.com/articulo/la-conversion-de-mirko-utrovicich-el-hombre-que-aprendio-a-conservar-a-los-pumas-en-la-patagonia/

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